
Cuando los hombres descubrieron la importancia de la lista de mercado
La cuarentena del Covid-19 reveló mundos inexplorados a los hombres como el de mercar con una lista en la que uno va tachando lo que mete en la canasta.
La cuarentena del Covid-19 reveló mundos inexplorados a los hombres como el de mercar con una lista en la que uno va tachando lo que mete en la canasta.
Después de 37 años, el geólogo manizaleño Víctor Hernán Cubillos reconstruyó el recorrido que hizo uno de los brazos de la avalancha que se tragó a Armero la noche del 13 de noviembre de 1985.
A la ‘Chechy’ Baena se la puede encontrar en las redes sociales. Tiene Twitter e Instagram. Otra cosa es tratar de conseguirla personalmente, pues es alguien que anda por los cinco continentes. Ser campeón mundial en cualquier deporte es una hazaña, lograrlo 24 veces, es un privilegio… La encontramos en Cali durante los Juegos Mundiales. Estaba acompañando a sus colegas que disputaban medallas.
Don Mario no recuerda si tenía 13 o 14 años cuando hizo su primera cometa. Estaba de vacaciones en Palmira donde su tío el alfarero y un día se topó con alguien que elevaba algo hasta el cielo. Se sentó al lado de aquel hombre y observó cuidadosamente cada paso para la elaboración del prodigioso artefacto. Después de esa clase informal pudo construir su primera cometa, “de esas que llaman 'tajada', la que tiene solo dos varillas. Me tocó ponerle papel periódico porque no tenía del otro. Fue difícil elevarla, pero al final sí pude”, comenta mientras evoca lo que sucedió hace 64 años.
Muy pocas personas pagarían por pasar por algún lugar y menos si lo que se ve a simple vista es una casa como cualquiera otra. Sin embargo, en el barrio Paso del Comercio, existe una vivienda en la que el paso por sus corredores cuesta $100.
Al otro lado de las puertas habíamos cerca de 150 personas que esperábamos ingresar al lugar, aunque ya faltaba poco menos de una hora para que fuera media noche. El frío de la capital se intensificaba como de costumbre. Cédula en mano, bolsos abiertos y chaquetas fuera del cuerpo eran las condiciones para pasar el primer filtro.
Son las 7:40 p.m. del 17 de febrero. El tráfico está imposible y voy retrasada a cumplir mi cita con Andrea, una estudiante de Administración de Empresas de octavo semestre de una prestigiosa universidad de Cali, a quien en cuestión de 20 horas la vida le dio un giro para siempre.
La inasistencia a clase el lunes de Pascua tiene una razón, justificada o no, pero tiene una razón. Como estudiantes o mas bien jóvenes, todo tiene trascendencia, la pereza, el frío, el sol, la lluvia, el si, el no, el despertador, el ruido, el MIO, el carro, la tarea, etc. Pero hay una excusa y en mi caso fue una enfermedad.